ARZOBISPADO DE LA SERENA (CHILE). PARROQUIA SAN JOSÉ DE ALGARROBITO. (Fundada en septiembre de 1757 en Cutún). Fiesta Parroquial en 2016: domingo 30 de octubre. RUT: 75978900-8. Cuenta Corriente BANCOESTADO 125-00-04518-1. Email: parroquiasanjosedealgarrobito@gmail.com
viernes, 21 de diciembre de 2012
OFICINA PARROQUIA CERRADA días 26 y 31
Informamos que la Oficina Parroquial se encontrará cerrada los días 26 y 31 de diciembre.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Feliz Navidad
Horarios de "Misa del Gallo"
La Parroquia San José de Algarrobito, el día 24 de diciembre tendrá la "Misa de Gallo Cantada" bajo las dos Formas del Rito Romano:
- a las 20.00 horas, Santa Misa de Forma Extraordinaria (Tradicional)
- a las 22.30 horas, Santa Misa de Forma Ordinaria
Feliz Navidad y Próspero Año 2013.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
NAVIDAD. SUBSIDIO LITÚRGICO
MISA DE FORMA EXTRAORDINARIA. 24 DE DICIEMBRE DE 2012. 20:00 HORAS.
Descargue aquí el subsidio litúrgico: MISA F.E. NOCHE NAVIDAD (corregida).pdf -
Descargue aquí el subsidio litúrgico: MISA F.E. NOCHE NAVIDAD (corregida).pdf -
viernes, 7 de diciembre de 2012
Corregido. Misal de los Fieles
Los saludamos y nos disculpamos, pues en la publicación anterior -por un motivo desconocido- no deja descargar el Misal de los Fieles de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Esperamos que haciendo click aquí puedan descargar el material ofrecido
miércoles, 5 de diciembre de 2012
MISAL DE LOS FIELES PARA EL 08 DE DICIEMBRE
(Para descargar, haga clic aquí)
Compartimos con ustedes este subsidio litúrgico de uso interno de nuestra Parroquia, para que descarguen, ensayen y participen en la Santa Misa de Rito Romano de Forma Extraordinaria del día 08 de diciembre -Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María- a las 12:00 horas.
El Canto de Entrada será: O Gloriosa Virginum (haga clic aquí)
El Canto de Entrada será: O Gloriosa Virginum (haga clic aquí)
lunes, 3 de diciembre de 2012
jueves, 15 de noviembre de 2012
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Coordenadas de contacto para servicios parroquiales
Oficina Parroquial atiende: lunes, miércoles y viernes de 15.00 a 19.00 horas.
Los teléfonos de contacto son:
+56 51 291 463 Oficina Parroquial
+56 9 5410 9425 Administrador Cementerio Parroquial: Señor Francisco Felipe Ocaranza Alcayaga
+56 9 5410 8522 Secretaria Parroquial: Señora María Angélica Olivares Yáñez
+56 9 5410 8557 Cura Párroco: Presbítero Carlos Gabriel Bolelli Serra
Email: parroquiasanjosedealgarrobito@gmail.com
Los teléfonos de contacto son:
+56 51 291 463 Oficina Parroquial
+56 9 5410 9425 Administrador Cementerio Parroquial: Señor Francisco Felipe Ocaranza Alcayaga
+56 9 5410 8522 Secretaria Parroquial: Señora María Angélica Olivares Yáñez
+56 9 5410 8557 Cura Párroco: Presbítero Carlos Gabriel Bolelli Serra
Email: parroquiasanjosedealgarrobito@gmail.com

martes, 13 de noviembre de 2012
Borrar en Agenda
Atención, por favor, borren de sus agendas mi antiguo número de teléfono celular (+56 9 96395379) ya no lo tengo en uso. Por los inconvenientes, las disculpas. Carlos Bolelli
lunes, 29 de octubre de 2012
Correcciones Calendario Parroquial Noviembre 2012
Jueves 1° de Noviembre
Santa Misa de Forma Extraordinaria (F.E.) 12:00 horas
Viernes 02 de noviembre
Santa Misa de Forma Extraordinaria (F.E.) 12:00 horas
Misas Sectoriales:
Ceres
Dice: Viernes 09 de noviembre, 20:00 horas
debe decir: Sábado 17 de noviembre, 12:00 horas
El Hinojal
Dice: jueves 08 de noviembre, 17:30 horas.
debe decir: jueves 29 de noviembre, 17:30 horas.
Santa Misa de Forma Extraordinaria (F.E.) 12:00 horas
Viernes 02 de noviembre
Santa Misa de Forma Extraordinaria (F.E.) 12:00 horas
Misas Sectoriales:
Ceres
Dice: Viernes 09 de noviembre, 20:00 horas
debe decir: Sábado 17 de noviembre, 12:00 horas
El Hinojal
Dice: jueves 08 de noviembre, 17:30 horas.
debe decir: jueves 29 de noviembre, 17:30 horas.
miércoles, 24 de octubre de 2012
SOLEMNIDAD DE CRISTO REY DEL UNIVERSO. Subsidio Litúrgico
Recuerden que el domingo 28 de octubre de 2012 a las 16.00 horas tendremos la Santa Misa Cantada de Forma Extraordinaria en la Sede Parroquial de la Parroquia San José de Algarrobito (La Serena - Elqui - Chile).
Ya està a disposición de ustedes el Subsidio Litúrgico completo (haga click aquí): Misal de los Fieles y Adoración al Santísimo Sacramento del Altar, que pueden descargar en smartphones, tablets y otros dispositivos electrónicos o imprimir, para ir -desde ya- ensayando y así participar mejor en la celebración a la que están todos invitados.
Ya està a disposición de ustedes el Subsidio Litúrgico completo (haga click aquí): Misal de los Fieles y Adoración al Santísimo Sacramento del Altar, que pueden descargar en smartphones, tablets y otros dispositivos electrónicos o imprimir, para ir -desde ya- ensayando y así participar mejor en la celebración a la que están todos invitados.
domingo, 21 de octubre de 2012
viernes, 19 de octubre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
PROGRAMA FIESTA PARROQUIAL 2012
Fiesta Patronal en Honor a Nuestra Señora del Rosario de Algarrobito,
Sábado 20 de octubre
20:00 horas Novena con Misa y Procesión con faroles.
Domingo 21 de octubre
12:00 horas Santa Misa de Forma Extraordinaria.
16:00 horas Misa Solemne de Forma Ordinaria y Procesión.
Sábado 20 de octubre
20:00 horas Novena con Misa y Procesión con faroles.
Domingo 21 de octubre
12:00 horas Santa Misa de Forma Extraordinaria.
16:00 horas Misa Solemne de Forma Ordinaria y Procesión.
domingo, 7 de octubre de 2012
martes, 4 de septiembre de 2012
Algunas fotos de la Peña y Espectáculo Folcklórico en Algarrobito
Nos han enviado algunas fotografías de la Peña y Espectáculo Folcklórico realizado en el patio y quincho de la Casa Parroquial de Algarrobito. (Para verlas, haga click aquí)
sábado, 1 de septiembre de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
Algunas fotos de la Solemne Celebración: 15 de agosto de 2012
Hoy, 15 de agosto de 2012, con iniciales chubascos augurando que la sequía puede desaparecer, celebramos una sencilla y sentida procesión en honor de la Santísima Virgen Asunta al Cielo en Cuerpo y Alma y luego clebramos la Santa Misa Cantada de Forma Extraordinaria.
(Para ver más imágenes haga click aquí)
(Para ver más imágenes haga click aquí)
lunes, 13 de agosto de 2012
lunes, 6 de agosto de 2012
martes, 26 de junio de 2012
Bingo Solidario
La comunidad de la Parroquia San José de Algarrobito, tiene el agrado de invitar a colaborar con el BINGO a beneficio de las obras de reconstrucción de nuestra iglesia, espacios sociales y comunitarios.
Dicha actividad se desarrollará el sábado 30 de junio de 2012, a las 16:00 horas, en dependencias de la parroquia, Matta S/N en la localidad de Algarrobito, La Serena (Ruta 41)
Agradecemos vuestro acompañamiento en nuestra misión de evangelizar.
Manuel Antonio Matta s/n, Algarrobito, La Serena (Chile) / +56 51 291463 sanjosedealgarrobito.blogspot.com / parroquiasanjosedealgarrobito@gmail.com
miércoles, 13 de junio de 2012
UN DATO HISTÓRICO EN NUESTRA PARROQUIA
(En fotografías)
Del Gobierno del Ilustrísimo señor Donoso (1851-1868):
Decreto número 42 (páginas 93 y 94)
Del Gobierno del Ilustrísimo señor Orrego (1868-1887):
Decreto número 27 (páginas 127 y 128)
Decreto número 51 (página 160)
miércoles, 6 de junio de 2012
CANTO GREGORIANO: Las posibilidades y condiciones para su restauración
Nos enviaro un link, que expresa una opinión sobre el Canto Gregoriano, digna de ser leída (textualmente):
Palabras
de
monseñor
Valentino Miserachs Grau,
presidente del Instituto Pontificio de Música Sacra,
pronunciadas ante la Congregación Vaticana para el Culto
el 5 de diciembre de 2005, jornada dedicada a la música sacra
presidente del Instituto Pontificio de Música Sacra,
pronunciadas ante la Congregación Vaticana para el Culto
el 5 de diciembre de 2005, jornada dedicada a la música sacra
Que la asamblea
de los fieles, durante la celebración de los Ritos sagrados, y especialmente
durante la santa Misa, pueda participar cantando las partes de Canto Gregoriano
que le pertenecen, no solo es posible: es lo ideal.
Esta no es mi
sola opinión, sino el pensamiento de la Iglesia. Véase, en este sentido, la
documentación desde el motu proprio “Inter sollicitudines” de San Pío X hasta
nuestros días, pasando por Pío XII (“Musicae sacrae disciplinae”), el capítulo
VI sobre la instrucción de la liturgia del Segundo Concilio Vaticano, la
subsiguiente instrucción por la Congregación de Ritos en 1967, y el reciente
quirógrafo de Juan Pablo II en conmemoración del centésimo aniversario de “Inter
sollicitudines”, editada en 1903. Tenemos otro ejemplo en la afirmación
proveniente del sínodo de obispos reunidos en octubre último: “...comenzando
con su entrenamiento en el seminario, los sacerdotes deben estar preparados para
comprender y celebrar la Misa en Latín. También deben... poder apreciar el valor
del Canto Gregoriano... los fieles mismos deben ser educados a ese respecto”.
La motivación de
estos deseos es ampliamente demostrable, y aún evidente en sí misma. De hecho,
la casi completa prohibición del Latín y el Canto Gregoriano -que hemos
presenciado en los últimos cuarenta años- es incomprensible, sobre todo en
países occidentales. Es incomprensible y deplorable.
El latín y el
Gregoriano, que están profundamente conectados con las fuentes bíblicas,
patrísticas y litúrgicas, son parte de la “lex orandi”, forjada a través de un
lapso de casi veinte siglos. ¿Cómo puede tener lugar una amputación tal, y tan
irreflexivamente? Es como cortar nuestras raíces –ahora que se habla tanto sobre
las raíces.
El eclipse de
una tradición entera de plegaria formada durante dos milenios ha favorecido la
heterogénea y anárquica proliferación de nuevos productos musicales que, en la
mayor parte de los casos, no han sido capaces de enraizarse en la tradición
esencial de la Iglesia, resultando no sólo en un empobrecimiento generalizado,
sino en un daño que puede ser difícil reparar (asumiendo que exista el deseo de
remediarlo.)
El Gregoriano
cantado por la asamblea no solo puede ser restaurado: debe ser restaurado, junto
con el canto de la Schola y de los celebrantes, si es que se desea un retorno a
la seriedad litúrgica, forma sonora y universalidad que deben caracterizar a
toda clase de música litúrgica digna de su nombre, tal como San Pío X enseño y
Juan Pablo II repitió, sin alterar ni una coma. ¿Cómo puede un puñado de
canciones insípidas, recortadas sobre el molde de la música popular más trivial,
llegar a reemplazar la nobleza y robustez de las melodías gregorianas, que son
capaces de elevar hasta el cielo los corazones de la gente?
Hemos
infravalorado la capacidad del pueblo cristiano para aprender; los hemos
prácticamente forzado a olvidar las melodías gregorianas que conocían, en lugar
de expandir y profundizar sus conocimientos, incluyendo la propia instrucción
sobre el significado de los textos. En cambio, los hemos indigestado con
banalidades.
Al cortar, de
esta manera, el cordón umbilical de una tradición hemos privado a los
compositores actuales de música litúrgica –asumiendo, sin garantías, que tengan
la suficiente preparación técnica- del “humus” indispensable para componer en
armonía con el espíritu de la Iglesia.
Hemos
infravalorado, insisto, la habilidad de la gente para aprender. Es obvio que no
todo el repertorio es adecuado para que cante la gente; esto sería una
distorsión de la correcta participación que se espera de la asamblea: como si,
en materia de canto litúrgico, el pueblo fuese el único protagonista en escena.
Debemos respetar el orden propio de las cosas: el pueblo tiene que cantar su
parte, pero el mismo respeto debe mostrarse por el papel de la Schola, el
cantor, el salmista y, naturalmente, el celebrante y los distintos ministros,
quienes, a menudo, prefieren no cantar. Lo ha enfatizado Juan Pablo II en su
reciente quirógrafo: “De la buena coordinación de todo –el sacerdote celebrante,
el diácono, los acólitos, ministros, lectores, salmista, “Schola”, músicos,
cantor y asamblea- emerge la correcta atmósfera espiritual que hace intenso,
participatorio y fructífero el acto litúrgico”.
¿Queremos
nosotros la restitución del Gregoriano en la asamblea? Debe comenzarse con las
aclamaciones, el Pater noster, los cantos del Ordinario de la Misa,
especialmente el Kyrie, Sanctus y Agnus Dei. En muchos lugares, el pueblo estaba
muy familiarizado con el Credo III, el entero Ordinario de la misa “de Angelis”
¡y no sólo con esto! Conocían el Pange lingua, el Salve Regina y otras
antífonas. La experiencia muestra que la gente, siguiendo una simple invitación,
puede cantar también la Misa brevis y otras antiguas melodías gregorianas que
conoce de oído, aún si es la primera vez que tiene que cantarlas. Hay un pequeño
repertorio que debe ser aprendido, contenido dentro del “Jubilate Deo” de Pablo
VI o en el “Liber cantualis”. Si la gente crece acostumbrada a cantar el
repertorio Gregoriano adecuado, entonces estará en buena forma para aprender
nuevos cantos en las lenguas vivas; aquellas canciones, se comprende, dignas de
ser colocadas junto al repertorio Gregoriano, que debe siempre retener su
primacía.
Es preciso un
esfuerzo didáctico perseverante. Es es la condición primera para una
recuperación adecuada y necesaria: esto es algo que los sacerdotes olvidamos a
menudo, ya que estamos prontos a elegir las soluciones que supongan el menor
esfuerzo. O bien preferimos, en lugar de una nutrición espiritual substancial,
cosquillear el oído con melodías “placenteras” o con el discordante rascar de
guitarras; olvidando que -como apuntó agudamente el futuro Papa Pío X a la
clerecía de Venecia- el placer nunca ha sido el buen criterio para juzgar en las
cosas sagradas.
Es necesaria una
obra de formación. ¿y cómo podemos formar al pueblo, si no nos formamos primero
a nosotros mismos? El congreso general de la “Consociatio Internationalis
Musicae Sacrae” se reunió recientemente en el Instituto Pontificio de Música
Sacra, dedicándose justamente a este tema, la formación de los clérigos en la
música sacra. Desde hace años, seminaristas, religiosos y religiosas, no tienen
una verdadera formación en la tradición musical de la Iglesia, ni aún la más
elemental instrucción musical. San Pío X, y tras él, el entero magisterio de la
Iglesia, han comprendido muy bien que ningún trabajo de reforma o recuperación
es posible sin la formación adecuada.
Uno de los
frutos más sustanciales del “motu proprio” de 1903, sostenido a través de los
años y renovado en nuestros días, es el Instituto Pontificio de Música Sacra en
Roma, que ha celebrado ya el centésimo aniversario de su fundación. ¡Cuántos
maestros de Canto Gregoriano, de polifonía, de órgano, cuántos ejecutantes de
música sagrada esparcidos en cada rincón del mundo Católico, han sido formados
en sus aulas! Esto, sin mencionar las otras altas escuelas de música sacra y aún
las escuelas diocesanas, y los variados cursos de formación litúrgico-musical.
¿Pero es que realmente se enseña allí Gregoriano? ¿y cómo se lo enseña? ¿no se
arrastra el prejuicio de considerar el Gregoriano como pasado de moda, como algo
que debe dejarse de lado definitivamente?
¡Qué enorme
error! Quiero ir más lejos y decir que sin Canto Gregoriano la Iglesia está
mutilada, y que no puede existir “música de la Iglesia” sin el Gregoriano.
Los grandes
maestros de la polifonía fueron todavía mayores cuando se basaron en el
Gregoriano, arrancando de él los temas, los modos, la configuración melódica.
Este espíritu, al revestir sus refinadas técnicas, esta fiel adherencia al texto
sagrado y al momento litúrgico, hizo a Lassus, a Palestrina, a Victoria,
Morales, Guerrero y otros grandes.
La renovación
desencadenada por “Inter Sollicitudines” será tanto más válida en cuanto tome su
inspiración del Canto Gregoriano. En sus obras más inspiradas, Perosi y Refice,
y hoy Bartolucci, han hecho del Gregoriano la esencia de sus creaciones. Y esto
no es sólo verdad en cuanto a sus obras corales complejas, sino también en la
creación de nuevas melodías, en Latín o en vernáculo, tanto para la liturgia
como para actos devocionales.
Y el verdadero
canto popular sagrado será más válido y sustancial si toma su inspiración del
Canto Gregoriano. Juan Pablo II hizo suyo el principio afirmado por San Pío X:
“Una composición para la Iglesia es tanto más sagrada y litúrgica cuanto más su
desarrollo, inspiración, y sabor se aproximen a la melodía gregoriana; y menos
digna será en la medida en que se distinga de ese modelo supremo”.
Pero, ¿cómo
puede dedicarse uno a la creación de un repertorio de alta calidad para la
liturgia, en las lenguas hoy habladas, si los compositores se resisten a
reconocer el Canto Gregoriano?
Por supuesto, la
mejor escuela para dominar un repertorio, para penetrar sus secretos, es la
práctica, en la vida real, de ese repertorio: algo que nosotros, a medio camino
entre la vieja y la nueva generación, tuvimos la fortuna de experimentar. Pero,
desafortunadamente, después de nosotros cayó el telón. ¿Porqué esta resistencia
a restaurar, total o parcialmente y dependiendo de las circunstancias, la Misa
en Latín y en Gregoriano? ¿Son quizás las generaciones actuales más ignorantes
que las del pasado?
El nuevo misal
propone los textos latinos del Ordinario junto a las versiones en lenguas
modernas. La Iglesia espera eso. ¿Por qué nos falta el coraje para esta
conversión?
El Gregoriano no
debe quedarse en la academia, la sala de conciertos o las grabaciones. No debe
ser momificado como un objeto de museo; debe retornar como canto viviente,
cantado también por la asamblea, quien encontrará que satisface sus más
profundas tensiones espirituales y se sentirá ella misma verdaderamente el
Pueblo de Dios.
Es tiempo de
romper con la inercia, y el brillante ejemplo debe venir de las catedrales, las
iglesias mayores, los monasterios, los conventos, los seminarios y las casas de
formación religiosa. Y así las humildes parroquias serán, a su tiempo,
“contaminadas” por la suprema belleza del canto de la Iglesia.
Y reverberará el
persuasivo poder del Gregoriano y consolidará a la gente en el verdadero sentido
del Catolicismo.
Y el espíritu
del Gregoriano dará forma a una nueva especie de composiciones, y guiará con el
verdadero “sensus Ecclesiae” los esfuerzos hacia una nueva cultura.
Aún quiero decir
que las melodías de las diferentes tradiciones locales, incluyendo aquellas que
provienen de territorios lejanos con culturas muy diferentes de la europea, son
parientes cercanos del Canto Gregoriano, y en este sentido, también, el
Gregoriano es verdaderamente universal, capaz de ser propuesto a todos y de
actuar como amalgama respecto a la unidad y a la pluralidad.
Además, son
precisamente estas culturas lejanas que han aparecido recientemente en el
horizonte de la Iglesia Católica, las que nos enseñan a amar el canto
tradicional de la Iglesia. Estas jóvenes iglesias de África o de Asia, junto a
la ayuda ministerial que ya están brindando a nuestras fatigadas Iglesias
Europeas, nos darán el orgullo de reconocer, aún dentro del canto, la roca en la
que fuimos tallados.
Dos factores más
que, yo sostengo, son indispensables para la renovación del Gregoriano y la
música sagrada son los siguientes:
1. Sobre todo,
la formación musical de los sacerdotes, religiosos y fieles requiere seriedad, y
el evitar el débil amateurismo que vemos en algunos voluntarios. Aquellos que
han hecho grandes esfuerzos por prepararse a sí mismos deben ser remunerados; y
se les debe asegurar un pago adecuado. En una palabra: debemos aprender a gastar
dinero en la música. Es impensable que gastemos dinero en todo género de cosas,
desde flores a banderas, pero no en música. ¿Qué sentido puede tener el animar a
los jóvenes a estudiar y después dejarlos sin empleo, o peor, humillados y
atormentados por nuestros caprichos y nuestra falta de seriedad?
2. El segundo
factor necesario es la armonía en el accionar. Juan Pablo II nos recordaba: “El
aspecto musical de la celebración litúrgica no puede ser librado a la
improvisación o a la decisión de algunos, sino que debe ser confiado a un
liderazgo bien coordinado, con respeto a las normas y autoridades competentes,
como resultado sustancial de una adecuada formación litúrgica.” Así, entonces,
respeto hacia las normas –lo que es ya un difundido deseo. Estamos esperando
directivas autorizadas e impartidas con autoridad. Y la coordinación de todas
las iniciativas y prácticas locales es un servicio que legítimamente
corresponde a la Iglesia de Roma, a la Santa Sede. Este es el momento oportuno;
y no tenemos tiempo que perder.
(cortesía:
http://aica.org/
Traducción de
Claudio Morla)
lunes, 4 de junio de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
PENTECOSTÉS (Subsidio Corregido)
Ponemos a disposición de ustedes el Subsidio Litúrgico (CORREGIDO) para la Misa Cantada de Pentecostés, para este domingo 27 de mayo de 2012, a las 12.00 horas, en nuestra Parroquia (para descargar haga click aquí)
N.B. Por error del editor, hubo un problema, pues en la versión anterior no estaba la Secuencia de Pentecostés. Ahora ha sido corregido el Subsidio Litúrgico.
A CONSIDERAR: LUEGO DE VARIAS REVISIONES Y CORRECCIONES, AGRADECEMOS A UN LECTOR NUESTRO QUE NOS COMENTÓ DE UN ERROR, QUE DE SABIDO FUE OLVIDADO: AL INICIO DEL SUBSIDIO ESTÁ EL ASPERGES, CUANDO HASTA PENTECOSTÉS VA EL PROPIO DEL TIEMPO DE PASCUA, VIDI AQUAM. CON LAS DISCULPAS Y AGRADECIDO POR TODO TIPO DE SUGERENCIAS Y CORRECCIONES.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Publicación en el Diario El Día y comentario
Estimadas y estimados:
Conforme a lo publicado en las páginas 06 y 07 (edición impresa) del Diario El Día de hoy, cuyas imágenes reproduzco:
He enviado un comentario a esa noticia que reza textualmente:
Con gran pesar, en cuanto supimos la triste noticia del fallecimiento de las cuatro personas en el cruce Pelícana-La Calera, de la Ruta 41, redoblamos nuestras oraciones, especialmente en la Santa Misa del lunes 21 en Pelícana y ayer martes 22 en Bellavista, ambas a las 19.00 horas, comentamos del triste suceso, nos unimos a los familiares y amigos en el pesar y ponemos nuestra confianza en la promesa cierta de que quien ha muerto en Cristo en Él tendrá Vida Eterna.
Permanentemente hemos hablado con la Secretaria Parroquial, la señora María Angélica Olvares Yáñez, que además es pariente de la familia afectada, pues ningún pariente directo solicitó –como es habitual- los servicios de nuestra parroquia y la información siempre fue que irían a Vicuña, pues allá serían inhumados los cuerpos.
Debido a que hace muchos años el cementerio del El Molle se encuentra clausurado por Higiene Ambiental y además cuenta con dificultades legales por conflictos en la propiedad, dicho sea de paso, que no pertenece a la Iglesia. Ya es un hecho que en caso de enterrar a un difunto, de estos sectores, debe recurrirse a los cementerios de Vicuña, Algarrobito o La Serena.
Luego de regresar de hacer un Responso en la Capilla de La Calera, que gentilmente nos prestan los dueños del Fundo, personas de Algarrobito me comentaron de esta publicación de el Diario El Día.
Agradecería esclarecer términos, comprendo el dolor y la confusión de la familia, y quienes me conocen podrán dar fe que gusto de la franqueza y claridad en la comunicación
Es de conocimiento público que el señor Arzobispo de La Serena me ha puesto en esta Parroquia para servir, si él considera apropiado que esté aquí o en otro lugar, a su disposición estoy.
Atentamente en Cristo.
Carlos Gabriel Bolelli Serra, Presbítero
Arquidiócesis de La Serena (Chile)
Pastoral de Educación Superior y Parroquia San José de Algarrobito
Manuel Antonio Matta s/n Algarrobito La Serena (Chile)
+56 51 291463
carlosbolelli@gmail.com
parroquiasanjosedealgarrobito@gmail.com
http://www.sanjosedealgarrobito.blogspot.com
Conforme a lo publicado en las páginas 06 y 07 (edición impresa) del Diario El Día de hoy, cuyas imágenes reproduzco:
He enviado un comentario a esa noticia que reza textualmente:
Con gran pesar, en cuanto supimos la triste noticia del fallecimiento de las cuatro personas en el cruce Pelícana-La Calera, de la Ruta 41, redoblamos nuestras oraciones, especialmente en la Santa Misa del lunes 21 en Pelícana y ayer martes 22 en Bellavista, ambas a las 19.00 horas, comentamos del triste suceso, nos unimos a los familiares y amigos en el pesar y ponemos nuestra confianza en la promesa cierta de que quien ha muerto en Cristo en Él tendrá Vida Eterna.
Permanentemente hemos hablado con la Secretaria Parroquial, la señora María Angélica Olvares Yáñez, que además es pariente de la familia afectada, pues ningún pariente directo solicitó –como es habitual- los servicios de nuestra parroquia y la información siempre fue que irían a Vicuña, pues allá serían inhumados los cuerpos.
Debido a que hace muchos años el cementerio del El Molle se encuentra clausurado por Higiene Ambiental y además cuenta con dificultades legales por conflictos en la propiedad, dicho sea de paso, que no pertenece a la Iglesia. Ya es un hecho que en caso de enterrar a un difunto, de estos sectores, debe recurrirse a los cementerios de Vicuña, Algarrobito o La Serena.
Luego de regresar de hacer un Responso en la Capilla de La Calera, que gentilmente nos prestan los dueños del Fundo, personas de Algarrobito me comentaron de esta publicación de el Diario El Día.
Agradecería esclarecer términos, comprendo el dolor y la confusión de la familia, y quienes me conocen podrán dar fe que gusto de la franqueza y claridad en la comunicación
Es de conocimiento público que el señor Arzobispo de La Serena me ha puesto en esta Parroquia para servir, si él considera apropiado que esté aquí o en otro lugar, a su disposición estoy.
Atentamente en Cristo.
Carlos Gabriel Bolelli Serra, Presbítero
Arquidiócesis de La Serena (Chile)
Pastoral de Educación Superior y Parroquia San José de Algarrobito
Manuel Antonio Matta s/n Algarrobito La Serena (Chile)
+56 51 291463
carlosbolelli@gmail.com
parroquiasanjosedealgarrobito@gmail.com
http://www.sanjosedealgarrobito.blogspot.com
domingo, 6 de mayo de 2012
sábado, 5 de mayo de 2012
miércoles, 11 de abril de 2012
viernes, 6 de abril de 2012
LOS INVITO A LEER LA SUBLIME HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI EN LA MISA CRISMAL 2012
En esta Santa Misa, nuestra mente retorna hacia aquel momento en el que el Obispo, por la imposición de las manos y la oración, nos introdujo en el sacerdocio de Jesucristo, de forma que fuéramos «santificados en la verdad» (Jn 17,19), como Jesús había pedido al Padre para nosotros en la oración sacerdotal. Él mismo es la verdad. Nos ha consagrado, es decir, entregado para siempre a Dios, para que pudiéramos servir a los hombres partiendo de Dios y por él. Pero, ¿somos consagrados también en la realidad de nuestra vida? ¿Somos hombres que obran partiendo de Dios y en comunión con Jesucristo? Con esta pregunta, el Señor se pone ante nosotros y nosotros ante él: «¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia?». Así interrogaré singularmente a cada uno de vosotros y también a mí mismo después de la homilía. Con esto se expresan sobre todo dos cosas: se requiere un vínculo interior, más aún, una configuración con Cristo y, con ello, la necesidad de una superación de nosotros mismos, una renuncia a aquello que es solamente nuestro, a la tan invocada autorrealización. Se pide que nosotros, que yo, no reclame mi vida para mí mismo, sino que la ponga a disposición de otro, de Cristo. Que no me pregunte: ¿Qué gano yo?, sino más bien: ¿Qué puedo dar yo por él y también por los demás? O, todavía más concretamente: ¿Cómo debe llevarse a cabo esta configuración con Cristo, que no domina, sino que sirve; que no recibe, sino que da?; ¿cómo debe realizarse en la situación a menudo dramática de la Iglesia de hoy?
Recientemente, un grupo de sacerdotes ha publicado en un país europeo una llamada a la desobediencia, aportando al mismo tiempo ejemplos concretos de cómo se puede expresar esta desobediencia, que debería ignorar incluso decisiones definitivas del Magisterio; por ejemplo, en la cuestión sobre la ordenación de las mujeres, sobre la que el beato Papa Juan Pablo II ha declarado de manera irrevocable que la Iglesia no ha recibido del Señor ninguna autoridad sobre esto. Pero la desobediencia, ¿es un camino para renovar la Iglesia? Queremos creer a los autores de esta llamada cuando afirman que les mueve la solicitud por la Iglesia; su convencimiento de que se deba afrontar la lentitud de las instituciones con medios drásticos para abrir caminos nuevos, para volver a poner a la Iglesia a la altura de los tiempos. Pero la desobediencia, ¿es verdaderamente un camino? ¿Se puede ver en esto algo de la configuración con Cristo, que es el presupuesto de una auténtica renovación, o no es más bien sólo un afán desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia según nuestros deseos y nuestras ideas?
Pero no simplifiquemos demasiado el problema. ¿Acaso Cristo no ha corregido las tradiciones humanas que amenazaban con sofocar la palabra y la voluntad de Dios? Sí, lo ha hecho para despertar nuevamente la obediencia a la verdadera voluntad de Dios, a su palabra siempre válida. A él le preocupaba precisamente la verdadera obediencia, frente al arbitrio del hombre. Y no lo olvidemos: Él era el Hijo, con la autoridad y la responsabilidad singular de desvelar la auténtica voluntad de Dios, para abrir de ese modo el camino de la Palabra de Dios al mundo de los gentiles. Y, en fin, ha concretizado su mandato con la propia obediencia y humildad hasta la cruz, haciendo así creíble su misión. No mi voluntad, sino la tuya: ésta es la palabra que revela al Hijo, su humildad y a la vez su divinidad, y nos indica el camino.
Dejémonos interrogar todavía una vez más. Con estas consideraciones, ¿acaso no se defiende de hecho el inmovilismo, el agarrotamiento de la tradición? No. Mirando a la historia de la época post-conciliar, se puede reconocer la dinámica de la verdadera renovación, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en momentos llenos de vida y que hace casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acción eficaz del Espíritu Santo. Y si miramos a las personas, por las cuales han brotado y brotan estos ríos frescos de vida, vemos también que, para una nueva fecundidad, es necesario estar llenos de la alegría de la fe, de la radicalidad de la obediencia, del dinamismo de la esperanza y de la fuerza del amor.
Queridos amigos, queda claro que la configuración con Cristo es el presupuesto y la base de toda renovación. Pero tal vez la figura de Cristo nos parece a veces demasiado elevada y demasiado grande como para atrevernos a adoptarla como criterio de medida para nosotros. El Señor lo sabe. Por eso nos ha proporcionado «traducciones» con niveles de grandeza más accesibles y más cercanos. Precisamente por esta razón, Pablo decía sin timidez a sus comunidades: Imitadme a mí, pero yo pertenezco a Cristo. Él era para sus fieles una «traducción» del estilo de vida de Cristo, que ellos podían ver y a la cual se podían asociar. Desde Pablo, y a lo largo de la historia, se nos han dado continuamente estas «traducciones» del camino de Jesús en figuras vivas de la historia. Nosotros, los sacerdotes, podemos pensar en una gran multitud de sacerdotes santos, que nos han precedido para indicarnos la senda: comenzando por Policarpo de Esmirna e Ignacio de Antioquia, pasando por grandes Pastores como Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno, hasta Ignacio de Loyola, Carlos Borromeo, Juan María Vianney, hasta los sacerdotes mártires del s. XX y, por último, el Papa Juan Pablo II que, en la actividad y en el sufrimiento, ha sido un ejemplo para nosotros en la configuración con Cristo, como «don y misterio». Los santos nos indican cómo funciona la renovación y cómo podemos ponernos a su servicio. Y nos permiten comprender también que Dios no mira los grandes números ni los éxitos exteriores, sino que remite sus victorias al humilde signo del grano de mostaza.
Queridos amigos, quisiera mencionar brevemente todavía dos palabras clave de la renovación de las promesas sacerdotales, que deberían inducirnos a reflexionar en este momento de la Iglesia y de nuestra propia vida. Ante todo, el recuerdo de que somos – como dice Pablo – «administradores de los misterios de Dios» (1Co 4,1) y que nos corresponde el ministerio de la enseñanza (munus docendi), que es una parte de esa administración de los misterios de Dios, en los que él nos muestra su rostro y su corazón, para entregarse a nosotros. En el encuentro de los cardenales con ocasión del último consistorio, varios Pastores, basándose en su experiencia, han hablado de un analfabetismo religioso que se difunde en medio de nuestra sociedad tan inteligente. Los elementos fundamentales de la fe, que antes sabía cualquier niño, son cada vez menos conocidos. Pero para poder vivir y amar nuestra fe, para poder amar a Dios y llegar por tanto a ser capaces de escucharlo del modo justo, debemos saber qué es lo que Dios nos ha dicho; nuestra razón y nuestro corazón han de ser interpelados por su palabra. El Año de la Fe, el recuerdo de la apertura del Concilio Vaticano II hace 50 años, debe ser para nosotros una ocasión para anunciar el mensaje de la fe con un nuevo celo y con una nueva alegría. Naturalmente, este mensaje lo encontramos primaria y fundamentalmente en la Sagrada Escritura, que nunca leeremos y meditaremos suficientemente. Pero todos tenemos experiencia de que necesitamos ayuda para transmitirla rectamente en el presente, de manera que mueva verdaderamente nuestro corazón. Esta ayuda la encontramos en primer lugar en la palabra de la Iglesia docente: los textos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica son los instrumentos esenciales que nos indican de modo auténtico lo que la Iglesia cree a partir de la Palabra de Dios. Y, naturalmente, también forma parte de ellos todo el tesoro de documentos que el Papa Juan Pablo II nos ha dejado y que todavía están lejos de ser aprovechados plenamente.
Todo anuncio nuestro debe confrontarse con la palabra de Jesucristo: «Mi doctrina no es mía» (Jn 7,16). No anunciamos teorías y opiniones privadas, sino la fe de la Iglesia, de la cual somos servidores. Pero esto, naturalmente, en modo alguno significa que yo no sostenga esta doctrina con todo mi ser y no esté firmemente anclado en ella. En este contexto, siempre me vienen a la mente aquellas palabras de san Agustín: ¿Qué es tan mío como yo mismo? ¿Qué es tan menos mío como yo mismo? No me pertenezco y llego a ser yo mismo precisamente por el hecho de que voy más allá de mí mismo y, mediante la superación de mí mismo, consigo insertarme en Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia. Si no nos anunciamos a nosotros mismos e interiormente hemos llegado a ser uno con aquél que nos ha llamado como mensajeros suyos, de manera que estamos modelados por la fe y la vivimos, entonces nuestra predicación será creíble. No hago publicidad de mí, sino que me doy a mí mismo. El Cura de Ars, lo sabemos, no era un docto, un intelectual. Pero con su anuncio llegaba al corazón de la gente, porque él mismo había sido tocado en su corazón.
La última palabra clave a la que quisiera aludir todavía se llama celo por las almas (animarum zelus). Es una expresión fuera de moda que ya casi no se usa hoy. En algunos ambientes, la palabra alma es considerada incluso un término prohibido, porque – se dice – expresaría un dualismo entre el cuerpo y el alma, dividiendo falsamente al hombre. Evidentemente, el hombre es una unidad, destinada a la eternidad en cuerpo y alma. Pero esto no puede significar que ya no tengamos alma, un principio constitutivo que garantiza la unidad del hombre en su vida y más allá de su muerte terrena. Y, como sacerdotes, nos preocupamos naturalmente por el hombre entero, también por sus necesidades físicas: de los hambrientos, los enfermos, los sin techo. Pero no sólo nos preocupamos de su cuerpo, sino también precisamente de las necesidades del alma del hombre: de las personas que sufren por la violación de un derecho o por un amor destruido; de las personas que se encuentran en la oscuridad respecto a la verdad; que sufren por la ausencia de verdad y de amor. Nos preocupamos por la salvación de los hombres en cuerpo y alma. Y, en cuanto sacerdotes de Jesucristo, lo hacemos con celo. Nadie debe tener nunca la sensación de que cumplimos concienzudamente nuestro horario de trabajo, pero que antes y después sólo nos pertenecemos a nosotros mismos. Un sacerdote no se pertenece jamás a sí mismo. Las personas han de percibir nuestro celo, mediante el cual damos un testimonio creíble del evangelio de Jesucristo. Pidamos al Señor que nos colme con la alegría de su mensaje, para que con gozoso celo podamos servir a su verdad y a su amor. Amén.
Recientemente, un grupo de sacerdotes ha publicado en un país europeo una llamada a la desobediencia, aportando al mismo tiempo ejemplos concretos de cómo se puede expresar esta desobediencia, que debería ignorar incluso decisiones definitivas del Magisterio; por ejemplo, en la cuestión sobre la ordenación de las mujeres, sobre la que el beato Papa Juan Pablo II ha declarado de manera irrevocable que la Iglesia no ha recibido del Señor ninguna autoridad sobre esto. Pero la desobediencia, ¿es un camino para renovar la Iglesia? Queremos creer a los autores de esta llamada cuando afirman que les mueve la solicitud por la Iglesia; su convencimiento de que se deba afrontar la lentitud de las instituciones con medios drásticos para abrir caminos nuevos, para volver a poner a la Iglesia a la altura de los tiempos. Pero la desobediencia, ¿es verdaderamente un camino? ¿Se puede ver en esto algo de la configuración con Cristo, que es el presupuesto de una auténtica renovación, o no es más bien sólo un afán desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia según nuestros deseos y nuestras ideas?
Pero no simplifiquemos demasiado el problema. ¿Acaso Cristo no ha corregido las tradiciones humanas que amenazaban con sofocar la palabra y la voluntad de Dios? Sí, lo ha hecho para despertar nuevamente la obediencia a la verdadera voluntad de Dios, a su palabra siempre válida. A él le preocupaba precisamente la verdadera obediencia, frente al arbitrio del hombre. Y no lo olvidemos: Él era el Hijo, con la autoridad y la responsabilidad singular de desvelar la auténtica voluntad de Dios, para abrir de ese modo el camino de la Palabra de Dios al mundo de los gentiles. Y, en fin, ha concretizado su mandato con la propia obediencia y humildad hasta la cruz, haciendo así creíble su misión. No mi voluntad, sino la tuya: ésta es la palabra que revela al Hijo, su humildad y a la vez su divinidad, y nos indica el camino.
Dejémonos interrogar todavía una vez más. Con estas consideraciones, ¿acaso no se defiende de hecho el inmovilismo, el agarrotamiento de la tradición? No. Mirando a la historia de la época post-conciliar, se puede reconocer la dinámica de la verdadera renovación, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en momentos llenos de vida y que hace casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acción eficaz del Espíritu Santo. Y si miramos a las personas, por las cuales han brotado y brotan estos ríos frescos de vida, vemos también que, para una nueva fecundidad, es necesario estar llenos de la alegría de la fe, de la radicalidad de la obediencia, del dinamismo de la esperanza y de la fuerza del amor.
Queridos amigos, queda claro que la configuración con Cristo es el presupuesto y la base de toda renovación. Pero tal vez la figura de Cristo nos parece a veces demasiado elevada y demasiado grande como para atrevernos a adoptarla como criterio de medida para nosotros. El Señor lo sabe. Por eso nos ha proporcionado «traducciones» con niveles de grandeza más accesibles y más cercanos. Precisamente por esta razón, Pablo decía sin timidez a sus comunidades: Imitadme a mí, pero yo pertenezco a Cristo. Él era para sus fieles una «traducción» del estilo de vida de Cristo, que ellos podían ver y a la cual se podían asociar. Desde Pablo, y a lo largo de la historia, se nos han dado continuamente estas «traducciones» del camino de Jesús en figuras vivas de la historia. Nosotros, los sacerdotes, podemos pensar en una gran multitud de sacerdotes santos, que nos han precedido para indicarnos la senda: comenzando por Policarpo de Esmirna e Ignacio de Antioquia, pasando por grandes Pastores como Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno, hasta Ignacio de Loyola, Carlos Borromeo, Juan María Vianney, hasta los sacerdotes mártires del s. XX y, por último, el Papa Juan Pablo II que, en la actividad y en el sufrimiento, ha sido un ejemplo para nosotros en la configuración con Cristo, como «don y misterio». Los santos nos indican cómo funciona la renovación y cómo podemos ponernos a su servicio. Y nos permiten comprender también que Dios no mira los grandes números ni los éxitos exteriores, sino que remite sus victorias al humilde signo del grano de mostaza.
Queridos amigos, quisiera mencionar brevemente todavía dos palabras clave de la renovación de las promesas sacerdotales, que deberían inducirnos a reflexionar en este momento de la Iglesia y de nuestra propia vida. Ante todo, el recuerdo de que somos – como dice Pablo – «administradores de los misterios de Dios» (1Co 4,1) y que nos corresponde el ministerio de la enseñanza (munus docendi), que es una parte de esa administración de los misterios de Dios, en los que él nos muestra su rostro y su corazón, para entregarse a nosotros. En el encuentro de los cardenales con ocasión del último consistorio, varios Pastores, basándose en su experiencia, han hablado de un analfabetismo religioso que se difunde en medio de nuestra sociedad tan inteligente. Los elementos fundamentales de la fe, que antes sabía cualquier niño, son cada vez menos conocidos. Pero para poder vivir y amar nuestra fe, para poder amar a Dios y llegar por tanto a ser capaces de escucharlo del modo justo, debemos saber qué es lo que Dios nos ha dicho; nuestra razón y nuestro corazón han de ser interpelados por su palabra. El Año de la Fe, el recuerdo de la apertura del Concilio Vaticano II hace 50 años, debe ser para nosotros una ocasión para anunciar el mensaje de la fe con un nuevo celo y con una nueva alegría. Naturalmente, este mensaje lo encontramos primaria y fundamentalmente en la Sagrada Escritura, que nunca leeremos y meditaremos suficientemente. Pero todos tenemos experiencia de que necesitamos ayuda para transmitirla rectamente en el presente, de manera que mueva verdaderamente nuestro corazón. Esta ayuda la encontramos en primer lugar en la palabra de la Iglesia docente: los textos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica son los instrumentos esenciales que nos indican de modo auténtico lo que la Iglesia cree a partir de la Palabra de Dios. Y, naturalmente, también forma parte de ellos todo el tesoro de documentos que el Papa Juan Pablo II nos ha dejado y que todavía están lejos de ser aprovechados plenamente.
Todo anuncio nuestro debe confrontarse con la palabra de Jesucristo: «Mi doctrina no es mía» (Jn 7,16). No anunciamos teorías y opiniones privadas, sino la fe de la Iglesia, de la cual somos servidores. Pero esto, naturalmente, en modo alguno significa que yo no sostenga esta doctrina con todo mi ser y no esté firmemente anclado en ella. En este contexto, siempre me vienen a la mente aquellas palabras de san Agustín: ¿Qué es tan mío como yo mismo? ¿Qué es tan menos mío como yo mismo? No me pertenezco y llego a ser yo mismo precisamente por el hecho de que voy más allá de mí mismo y, mediante la superación de mí mismo, consigo insertarme en Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia. Si no nos anunciamos a nosotros mismos e interiormente hemos llegado a ser uno con aquél que nos ha llamado como mensajeros suyos, de manera que estamos modelados por la fe y la vivimos, entonces nuestra predicación será creíble. No hago publicidad de mí, sino que me doy a mí mismo. El Cura de Ars, lo sabemos, no era un docto, un intelectual. Pero con su anuncio llegaba al corazón de la gente, porque él mismo había sido tocado en su corazón.
La última palabra clave a la que quisiera aludir todavía se llama celo por las almas (animarum zelus). Es una expresión fuera de moda que ya casi no se usa hoy. En algunos ambientes, la palabra alma es considerada incluso un término prohibido, porque – se dice – expresaría un dualismo entre el cuerpo y el alma, dividiendo falsamente al hombre. Evidentemente, el hombre es una unidad, destinada a la eternidad en cuerpo y alma. Pero esto no puede significar que ya no tengamos alma, un principio constitutivo que garantiza la unidad del hombre en su vida y más allá de su muerte terrena. Y, como sacerdotes, nos preocupamos naturalmente por el hombre entero, también por sus necesidades físicas: de los hambrientos, los enfermos, los sin techo. Pero no sólo nos preocupamos de su cuerpo, sino también precisamente de las necesidades del alma del hombre: de las personas que sufren por la violación de un derecho o por un amor destruido; de las personas que se encuentran en la oscuridad respecto a la verdad; que sufren por la ausencia de verdad y de amor. Nos preocupamos por la salvación de los hombres en cuerpo y alma. Y, en cuanto sacerdotes de Jesucristo, lo hacemos con celo. Nadie debe tener nunca la sensación de que cumplimos concienzudamente nuestro horario de trabajo, pero que antes y después sólo nos pertenecemos a nosotros mismos. Un sacerdote no se pertenece jamás a sí mismo. Las personas han de percibir nuestro celo, mediante el cual damos un testimonio creíble del evangelio de Jesucristo. Pidamos al Señor que nos colme con la alegría de su mensaje, para que con gozoso celo podamos servir a su verdad y a su amor. Amén.
miércoles, 4 de abril de 2012
martes, 27 de marzo de 2012
miércoles, 29 de febrero de 2012
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